Por Walter Atilio Fontana
Distinguido por la ONU con el premio
Global 500
por sus logros ambientales
Dentro de pocos meses, en junio de 2012, se realizará la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible,
que se celebrará en Río de Janeiro (Brasil),
veinte años después de la histórica Cumbre para la Tierra celebrada en Río en 1992.
Al estar en Río de Janeiro en esa oportunidad pudimos comprobar la sinergia existente entre millares de personas de distintas nacionalidades, razas, ocupaciones e historias personales, pero todas compartiendo el interés genuino por cuidar la Tierra y mejorar las condiciones de vida de los hombres. Un hito que emociona al ser recordado.
El desafío se repite, multiplicado. Porque la gran mayoría de los gobiernos no han cumplido los acuerdos
establecidos en Río y en decenas de cumbres posteriores. Se van en palabras. Aunque por lo visto en Durban en
2011 ya ni siquiera podemos contar con esto: los principales países contaminantes a nivel mundial ya ni
se comprometen a reducir sus emisiones, a adecuar su tecnología. Ahora ya hasta han hecho público sus deseos de
seguir "creciendo" a un ritmo alocado, a cualquier precio, provocando daños a la naturaleza y a las poblaciones
más vulnerables, en un compromiso que paeciera sólo servir a las corporaciones multinacionales ávidas por beber petróleo y
comer dólares.
El desafío se repìte, multiplicado. Las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones del sistema
de las Naciones Unidas (como el PNUMA y el PNUMA) deberán redoblar sus esfuerzos para tratar de conseguir resultados en
Río+20, acuerdos de cumplimiento efectivo que permitan a toda la humanidad gozar del confort del siglo XXI en forma sustentable.
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